Mientras que algunas compañías totalitarias se dedican a hacer suyo el avance de la humanidad mediante las ridículas y absurdas patentes, explotando derechos edificados sobre dudosos pilares de originalidad, el resto de las cabezas pensantes se dedican a innovar e imaginar como podrían acercar la tecnología al resto de las personas que habitamos en el mundo y creemos en el progreso por igual. De ahí surgen ideas como la de la Universidad de Carnegie Mellon que, mediante un microproyector y detectores de sonido a baja frecuencia, es capaz de aunar en un sofisticado brazalete todo un dispositivo táctil, donde la pantalla no es si no el propio antebrazo.



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